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2025-07-29

En el sector de la construcción, la forma en que se aborda la contratación puede condicionar profundamente el éxito o fracaso de un proyecto. Dos modelos muy extendidos conviven hoy en día: la licitación tradicional y el proyecto colaborativo. Aunque ambos pueden conducir a resultados satisfactorios, existen diferencias sustanciales que afectan a la calidad, el coste, los plazos y la alineación entre las partes implicadas.
Este es el modelo ha sido hasta ahora el más común en nuestro sector: se elabora un proyecto básico y de ejecución, se lanza una licitación con varias constructoras, y se elige la mejor oferta en base a criterios económicos y técnicos. Es un sistema competitivo y estandarizado, que da la sensación de control.
La adjudicación se realiza en base a criterios económicos y técnicos predefinidos, y el contrato se firma con la empresa que ofrece la mejor combinación.
Este método aporta algunas ventajas claras: transparencia en la selección, competencia abierta entre empresas y control inicial del presupuesto. Sin embargo, también presenta limitaciones importantes.
Al tratarse de un proyecto cerrado y detallado, las constructoras apenas tienen margen para aportar mejoras o adaptar soluciones constructivas. Por tanto, se pierde la oportunidad de optimizar técnicamente la ejecución desde fases tempranas. Además, errores o deficiencias detectados en obra pueden generar sobrecostes y retrasos, ya que deben resolverse tras la adjudicación, sin la participación previa de todos los actores clave.
La relación contractual que se establece parte de una lógica de cumplimiento y control más que de colaboración, lo que puede dificultar la comunicación fluida y la gestión conjunta de problemas. En definitiva, aunque la licitación tradicional puede ser útil en proyectos estandarizados y bien definidos, a menudo se traduce en una ejecución con mayores riesgos y menor flexibilidad.
El modelo colaborativo propone un cambio de paradigma: integrar desde etapas iniciales a todos los agentes implicados en el proceso, especialmente a la constructora y al equipo proyectista. Este trabajo conjunto permite analizar y ajustar el proyecto desde la óptica técnica, económica y operativa antes de formalizar la contratación.
Involucrar a la constructora en fases tempranas aporta un valor incalculable. Su experiencia directa en obra ayuda a identificar posibles dificultades, optimizar procesos y elegir materiales o técnicas que reduzcan costes y tiempos sin sacrificar calidad. El proyectista, a su vez, puede afinar detalles técnicos con una visión más práctica y realista.
Esta colaboración genera un ambiente de confianza y transparencia, donde se prioriza el objetivo común: entregar un proyecto viable, rentable y de calidad. La comunicación abierta y continua permite detectar y resolver posibles conflictos anticipadamente, evitando sorpresas desagradables en la fase de ejecución.
Por último, el modelo colaborativo suele acortar plazos totales, ya que permite solapar fases de diseño y preparación de obra, al mismo tiempo que mejora la precisión del presupuesto y la planificación.
Diferencias clave que marcan el éxito
La diferencia esencial entre ambos modelos radica en la participación y alineación de los agentes. Mientras la licitación tradicional se basa en la competencia y la formalidad contractual, el modelo colaborativo apuesta por la integración temprana y la cooperación.
En un proyecto colaborativo, las decisiones técnicas y económicas se toman de manera conjunta, con un mayor nivel de detalle y responsabilidad compartida. Esto se traduce en menor margen de error, menos desviaciones presupuestarias y mayor calidad en la ejecución.
Además, la colaboración favorece la innovación, al permitir explorar soluciones alternativas que una licitación rígida descartaría por limitaciones de pliego o rigidez presupuestaria.
Ambos modelos pueden funcionar, pero si el objetivo es reducir riesgos, aumentar la eficiencia y garantizar una ejecución exitosa, el proyecto colaborativo se posiciona como la mejor opción.
Construir no es solo ejecutar; es planificar, alinear objetivos y sumar capacidades desde el inicio. Adoptar un enfoque colaborativo supone una inversión inicial de tiempo y recursos que se recupera con creces en obra, en forma de ahorro, calidad y cumplimiento.
En definitiva, la diferencia entre un proyecto convencional y uno exitoso radica en cómo se elige contratar y colaborar desde el primer día.
Artículo de Daniel Barroso, Technical Manager BRAVUS Iberian Partners.
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